
Fundada en 2018 por Frederico Luz e Igor Martins, Alright Brewing Co. nació en Curitiba con una propuesta clara: crear un espacio “easy going”, donde el cliente se sienta cómodo para desacelerar, experimentar y disfrutar el momento. El proyecto reúne un bar, una fábrica propia de 500 m² y un beer garden de 700 m², funcionando como un ecosistema completo de consumo y experiencia.
El concepto de la marca parte de la idea del merecimiento (“brew up, chill out”) y todo en el espacio fue pensado para sostener esa promesa, desde la arquitectura hasta el modelo de atención.
Antes de emprender, los socios venían del mercado corporativo y acumulaban años de experiencia como consumidores de bares y cervecerías. Esa vivencia reveló vacíos recurrentes: atención ineficiente, poca claridad en la oferta y experiencias inconsistentes.
La decisión de producir su propia cerveza llegó antes que la del bar. Fueron tres años de pruebas hasta que el proyecto maduró y evolucionó hacia un espacio físico que unía producción, consumo y relación con el cliente.
Durante la planificación, quedó claro que solo producir cerveza no sería suficiente para generar impacto en el mercado. El bar surgiría como un canal estratégico para:
Sin financiamiento externo, el proyecto avanzó con recursos propios, enfrentando desafíos comunes al emprendimiento: proveedores inestables, retrasos y ajustes constantes hasta la consolidación de la operación.
El autoservicio no fue un complemento posterior. Formó parte de la concepción de Alright desde el principio. Los socios ya conocían el modelo como clientes y veían en él una forma de dar autonomía al consumidor sin renunciar al control.
La decisión por myTapp vino por un diferencial que va más allá del control de caudal: inteligencia, datos y capacidad de entender el comportamiento del cliente en tiempo real.
Según Frederico Luz, el sistema permitió acceder a información de registro y patrones de consumo que ayudan a evaluar qué funciona mejor en el portafolio y en la experiencia ofrecida.
Hoy, Alright opera tres frentes (bar, fábrica y distribución) con un equipo reducido de nueve personas, atendiendo a cerca de 500 clientes por día. El autoservicio permite mantener un flujo constante incluso en períodos de pico.
El beer wall cuenta con estilos propios, pensados para una alta drinkability, incentivando la experimentación y la recurrencia. Todo el consumo (cervezas, comida y tienda) está centralizado en la tarjeta myTapp, lo que reduce las filas y simplifica el cierre de cuenta.
El impacto del modelo va más allá de la operación. El ambiente invita al cliente a quedarse, circular e interactuar. El beer garden se transforma en una extensión de la casa del consumidor, con familias, mascotas y grupos que conviven de forma natural.
Esa experiencia se refleja en valoraciones positivas y en una presencia constante en medios espontáneos, con énfasis en la libertad de elección, el autoservicio con tarjeta prepago y la comodidad del espacio.
Indicador | Impacto |
|---|---|
Atención | Alta rotación con equipo reducido |
Experiencia | Mayor tiempo de permanencia |
Consumo | Estímulo a la experimentación |
Pago | Menos filas y más fluidez |
Marca | Fuerte presencia orgánica y fidelización |
El caso de Alright muestra que:
Más que tecnología, el éxito está en la coherencia entre concepto, espacio y operación.
¿El autoservicio reduce el papel del equipo?
No. Redistribuye el foco del equipo hacia la experiencia, el soporte y la hospitalidad.
¿Funciona solo para cervecerías con producción propia?
No. El modelo se aplica a bares, brewpubs y operaciones de alto flujo.
¿El cliente acepta bien el autoservicio?
Sí. Según los socios, al cliente le gusta servirse cuando la experiencia es clara y fluida.
¿El sistema ayuda en el control financiero?
Sí. La centralización del consumo facilita la gestión y el análisis de datos.
¿Es un modelo escalable?
Sí. Alright ya considera una expansión futura manteniendo el autoservicio como base.
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